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Las mujeres tienen un sistema inmunitario más potente -sensible- que los varones. Esta condición hace que experimenten alteraciones con más facilidad en los complejos controles y el necesario equilibrio de la respuesta inmunitaria, verdadero origen de las enfermedades del sistema.

De cada 100 personas que sufren de enfermedades autoinmunes –artritis reumatoide, esclerodermia, lupus eritematoso, y ahora otras casi 80 más-, el 75% de las pacientes son mujeres, como expresión de una desregulación más fácil del control del sistema inmunitario, que termina produciendo anticuerpos o células especializadas que atacan a sus propios tejidos.

La respuesta inmunitaria y el proceso inflamatorio actúan en forma coordinada como mecanismos de defensa permanente ante la agresión de moléculas extrañas -compuestos químicos, metales-, virus, parásitos, bacterias y hongos, moléculas oxidantes, falta de oxígeno en los tejidos, productos de desecho de las propias células, y otras, millones de veces en el día, que son solucionados en forma espontánea, o pueden evolucionar sin producir síntomas y transformarse en una afección crónica.

En los complejos sistemas de control de la alarma-defensa que causa un proceso inflamatorio-inmunitario, participa el hígado. Por supuesto que debe estar sano, para que sea eficiente en controlar esta actividad, debido a que produce las proteínas que participan tanto en el comienzo de la respuesta inflamatoria ante una agresión, como en el proceso de detener el proceso para que no se transforme en destrucción progresiva de tejidos. Es además el principal filtro, recolector y procesador de desechos, función de la que responsabiliza en un 80% del total del organismo.

Lamentablemente, aunque la destrucción -degeneración grasa, cirrosis- llegue a comprometer al 80% del tejido hepático, la persona no presentará síntomas, pero ya tendrá alterados uno de sus más delicados y complejos mecanismos de regulación, como es comenzar y terminar con la reacción inmunitaria-inflamatoria que dependen de él. Y cada vez tenemos más degeneración grasa o hígado graso -esteatosis hepática- como consecuencia muy importante de moléculas tóxicas de la contaminación ambiental: gases de combustibles, derivados de plásticos, derivados del caucho, agroquímicos, arsénico en agua de consumo, metales tóxicos, y miles de otros entre las más de 100.000 moléculas nuevas creadas por el hombre en las últimas décadas.

Al aceptar ahora que la psico-neuro-endócrino-inmunología -PNEI- funciona en red, en realidad responde como un solo sistema integrado, exquisitamente coordinado y trabajando en forma cooperativa, también reconocemos que cualquier alteración que involucre a cada integrante por separado, repercutirá en forma negativa sobre los otros.

Por ejemplo, un trauma psíquico importante disminuye la inmunidad; el estrés prolongado con desequilibrio hormonal -llamado distrés- también lo hará; pero más importante aún, si el todo el organismo se encuentra intoxicado, en mayor o menor medida, cada una de las partes del sistema responderá en forma deficiente, dando origen a enfermedades de difícil diagnóstico por la complejidad de su presentación en un “terreno predisponente” o “condición del huésped” deteriorado.

Estas “enfermedades raras” que no conocieron nuestros bisabuelos: arterioesclerosis con enfermedad coronaria, retinopatías, ACV, envejecimiento precoz, aumento de Alzheimer y, demencia senil, así como fibromialgia, bipolares, esterilidad, infertilidad, trombofilia, aumento del cáncer, del autismo, trastornos de conducta en la infancia-adolescencia, fatiga crónica, artrosis rebeldes al tratamiento, Sensibilidad Química Múltiple, y otras, serán de aumento progresivo de su incidencia en la población si no detenemos la contaminación ambiental.

La MEDICINA BIOMOLECULAR® permite con estudios especiales, llegar a un diagnóstico de la causa que llevó al desequilibrio complejo del estado de salud del paciente, y con tratamientos personalizados sacarlo de la discapacidad.