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Las enfermedades crónicas pueden beneficiarse con la aplicación del enfoque biomolecular, porque puede estabilizar, aliviar, mejorar y lograr efectos más eficientes en los tratamientos de base, haciendo más llevadera la vida cotidiana y que el paciente pueda convivir con la enfermedad sin que esta altere su rutina o actividad profesional.

Los más beneficiados en nuestra experiencia han sido los pacientes con secuelas de arteroesclerosis: enfermedades coronarias tratadas o no, secuelas de ACV, falta de irrigación en miembros inferiores, maculopatías, retinopatías; dolores crónicos rebeldes por artrosis-artritis; fibromialgias; cansancio o fatiga crónica; y en diabéticos.

Se benefician porque se corrigen los múltiples desequilibrios orgánicos que presentan: falta de antioxidantes; estado de acidosis en sus tejidos; intolerancia sin síntomas, “oculta o silenciosa” a los alimentos; alteraciones electromagnéticas en sus tejidos; pérdida de calidad del “terreno predisponente”; inflamaciones o infecciones crónicas asintomáticas; y otros problemas que tienen la particularidad de retroalimentarse en forma negativa.

Estos verdaderos “pacientes biomoleculares” fueron las víctimas clasificadas como “propicias” por presentar “comorbilidades” durante la pandemia por Covid19.