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La fibromialgia, una enfermedad desconocida para nuestros abuelos, se ha transformado en una patología cada vez más frecuente en la consulta médica. La bibliografía, cuando se refiere a ella, dedica varias páginas a las posibles causas.

Nuestros abuelos no la conocieron porque está directamente relacionada con la contaminación medioambiental por compuestos químicos orgánicos -solos o combinados con metales- que tampoco conocieron porque son moléculas nuevas –más de 100.000 – inventadas, o que empezaron a utilizarse en las últimas décadas, que el sistema inmunitario aún no reconoce, y que actúan como “oxidantes”, es decir, atacan a las biomoléculas inutilizándolas en forma temporaria o definitiva.

Como el intestino también se afecta por estos productos de la contaminación ambiental, los nuevos productos en los alimentos elaborados -más de 1500-, y en los artículos de higiene personal y del hogar, que lesionan la flora intestinal y aumentan la permeabilidad al paso indebido de moléculas no procesadas, cuando tiene que dejar pasar solo a moléculas individualizadas como “no tóxicas” por el sistema inmunitario.

Así originan un proceso inflamatorio crónico, la mayoría de las veces sin síntomas, y comienza la intolerancia a algunos alimentos sin que el paciente lo perciba, con repercusión clínica más adelante en todo el organismo, entre ellos el de agravar la permeabilidad anormal del intestino que aumenta aún más con los corticoides y antinflamatorios indicados para la fibromialgia como antinflamatorio.

En la actualidad se jerarquiza los efectos deletéreos sobre la flora intestinal de importante papel en el control de la inmunidad, en la formación de vitaminas, y en la formación de IgA como primera barrera en la mucosa a los productos o moléculas extraños al organismo.

Como el organismo responde a la contaminación con microprocesos inflamatorios en todos los tejidos, en especial en los más vascularizados, siempre predomina un síntoma que origina la consulta al médico. Cuando el cuadro se transforma en crónico y agrava, genera una “alarma” con aumento de la presión arterial y del colesterol en sangre, por lo que es habitual que se los medique con productos de alta potencia que intoxican aún más al hígado ya comprometido.

Esto agrava el cuadro doloroso-funcional al disminuir: la irrigación de músculos, fascias y tendones por lesión a sus capilares; los nuevos productos para “tratar el colesterol” bajan la producción de una importantísima enzima en el mecanismo de producción de energía, como lo es la Coenzima Q10, dentro de las mitocondrias, verdaderas usinas de las células; y disminuye la capacidad del organismo de reparar las membranas celulares lesionadas, incluido el endotelio.

Los estudios básicos de la Medicina Biomolecular® ponen al descubierto las causas que la originan, y el paciente concluye con la interminable recorrida por consultorios; deja de tomar una amplia lista de medicamentos que no sólo no le producen ningún efecto, o con escasa respuesta, sino que además sobrecargan al hígado responsable del 80% de la tarea de limpieza de los productos tóxicos y medicamentos que ingresan o produce el organismo, que ya se encuentra intoxicado por la contaminación.

Si usted no la padece, seguro conoce a alguien que la está sufriendo. Ayúdenos a ayudar y evitar el sufrimiento de otros difundiendo estos conocimientos.