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Han aumentado en frecuencia en forma desmesurada - casi triplicado en tres décadas - como consecuencia de tóxicos ambientales que afectan en especial a los niños por su especial condición desfavorable al tener la relación alterada: en proporción menos tejido para acumularlos en relación con mucha superficie para absorberlos.

La contaminación embrionaria y transplacentaria puede ser el inicio, o agravan la situación, favoreciendo el aumento de frecuencia de abortos espontáneos, malformaciones, “sufrimiento fetal” o muerte fetal, y el nacimiento de criaturas de aparente estado de buena salud que pronto presentan problemas: alergias, intolerancias a las leches, eccemas, espasmo bronquial rebelde a tratamientos.

Las intoxicaciones de origen medioambiental son la causa en la actualidad hacen a la necesidad de estudiar todos los problemas de la infancia con el enfoque biomolecular y el equipamiento de la Medicina Biomolecular® porque están comprometidas todas las biomoleculas del organismo.

Han aumentado en frecuencia la falta de desarrollo físico, trastornos de conducta, de aprendizaje, hipercinesia, todos los trastornos del espectro autista, pérdida de audición, y otros llamados ahora “problemas concomitantes”: trastornos digestivos, alergias o intolerancia a los alimentos, celiaquía, problemas renales, asma rebelde a tratamientos, infecciones a repetición, tumores, y en especial las nuevas epilepsias ahora llamadas “refractarias”, casualmente porque todos los sistemas están comprometidos.

Es frecuente que desde los medios de comunicación se trate el tema de las innumerables formas de trastornos de neurodesarrollo en la infancia, que cambien las denominaciones, y afirmen “que no han aumentado, sino que ahora se diagnostican mejor” en un clara muestra de no tener argumentos sólidos para explicar por qué se ha triplicado su frecuencia en pocas décadas.

Muy poco se menciona durante la formación médica y nadie habla de las causas, al igual que sobre el aumento de las malformaciones congénitas, o del aumento de la incidencia de cáncer en la infancia, responsabilizándose a la genética, o a enfermedades virósicas de la madre o especiales situaciones de estrés vividas durante el embarazo, o al falso “ahora aumentaron porque se diagnostica mejor”.

En la actualidad su aumento es consecuencia de la contaminación medioambiental que ya afecta a la madre y que pasa al niño antes de nacer por la placenta los productos químicos y metales, además de virus atenuados de vacunas, es decir, nacerá con su “terreno predisponente” o “condición del huésped” notoriamente deteriorado, cuadro que es aún más grave si la madre es fumadora, consume drogas, o no se alimentó bien durante el embarazo.

Para la Organización Mundial de la Salud, las cifras de mortalidad infantil del 2012 informan una cifra de 6.5 millones de niños menores de 5 años, y a la contaminación medioambiental como una de las más importantes causas.

Los niños son las víctimas más propicias porque tienen una relación desventajosa entre superficie de absorción del cuerpo y poco peso en masa muscular y escasa grasa donde almacenarlos, que los perjudica. Este hecho agrava más aún cuando pensamos que todos los productos químicos y metales se depositan preferentemente en el tejido graso, y el cerebro es la víctima principal por ser el mayor volumen en grasas a esa etapa de desarrollo. Equivale a decir que antes de nacer su sistema nervioso ya acumula compuestos tóxicos.

Al sufrimiento fetal, partos dificultosos, anestesias prolongadas en la cesárea, y al niño recién nacido ya contaminado, en especial el primer hijo, se suman las vacunas inmediatas, en un organismo sin el sistema inmunitario maduro y con una barrera hematoencefálica relativamente estructurada, para conformar un combo que lleva a lesiones neuronales.

De acuerdo con los tóxicos presentes darán después síntomas que van desde el simple llanto por irritación cerebral, hasta crisis convulsivas, con retardo en la etapa de mielinización, o directamente lesiones cerebrales con posterior pérdida de puntos en el Cociente Intelectual.

Con el devenir de los meses se irá conformando una clínica que además de los problemas cerebrales, sumará otros padecimientos que aparentemente nada tienen que ver con el cerebro, porque en realidad, todo el organismo del pequeño ya está comprometido con la intoxicación, produciendo síntomas y signos que ahora definen como “problemas concomitantes al diagnóstico de Trastornos del Espectro Autista”.

En edad escolar se dan las dificultades de aprendizaje, la hipercinesia por irritación cerebral, y hasta hemos visto, por la misma causa, a niños con alto rendimiento escolar para determinadas materias, pero acompañado de alteraciones de conducta.

Al igual que a todos los niños, más justificado aun a estos con este tipo de problemas, no deben colocárseles amalgamas (contienen metales que liberan lentamente, entre ellos mercurio) en piezas dentales lesionadas por caries, y si ya las tiene, deben ser reemplazadas por los nuevos materiales cerámicos. Debe sospecharse la intoxicación crónica por químicos y metales en un niño con lesiones en sus piezas dentarias, o que ya tiene amalgamas colocadas.

Los estudios de la Medicina Biomolecular® permiten diagnosticar la CAUSA del padecimiento, única forma de poder tratar en forma exacta al niño, y también, única oportunidad que puede brindársele cuando aún las lesiones son reversibles y evitar llegar a la edad adulta con lesiones cerebrales permanentes.