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Transformadas en la última década en un serio problema sanitario por la complejidad en su presentación y sus severas consecuencias. En realidad, están producidas por las moléculas tóxicas que entran a la circulación general, favorecida por su pequeño tamaño, van acumulándose en especial en el tejido graso y preferentemente se ven perjudicados los más vascularizados por su actividad -cerebro, corazón, hígado, riñones, y otros en menor medida-. Por eso no deberían ser tratadas por métodos invasivos hasta tanto no se diagnostique la causa que provoca el deterioro de la retina.

La retina, en realidad tejido cerebral especializado, es una de las zonas más vascularizadas del organismo, es decir, mejor irrigadas por sangre. Esto les confiere la particularidad que, cuando ingresa una sustancia tóxica al cuerpo por cualquier vía: piel, aparato respiratorio, o digestivo, si su tamaño se lo permite, en pocos minutos pasarán por las retinas y máculas, y un poco quedará.

En principio, siempre el proceso inicial es en el recubrimiento de la superficie interior -endotelio- de los pequeños vasos arteriales, comenzando un micro proceso inflamatorio. Si los mecanismos de defensa son buenos y la “condición del huésped” satisfactoria, no pasará a mayores.

En cambio, cuando el paciente lleva años de estar relacionado con productos tóxicos –metales o químicos-; por su trabajo o relación de cercanía a manipulación de agroquímicos; su alta exposición al sol sin protección ocular; por padecer diabetes sin compensar; o transitar una edad donde los antioxidantes empiezan a no alcanzar para contrarrestar las moléculas tóxicas que se comportan como oxidantes, justifican que cada día sea mayor el número de pacientes con retinopatías y maculopatías.

Las pequeñas arterias de los ojos sufren ataques a sus biomoléculas de colágeno y elastina, desencadenando un proceso de arterosclerosis; comienza a depositarse el colesterol oxidado; aumenta la producción de moléculas oxidantes - radicales libres -, aparecen edemas localizados como exudados; pequeñas dilataciones aneurismáticas; dilataciones venosas, y otras lesiones, agravadas por un déficit en la necesaria oxigenación.

Las máculas, zonas donde deben formarse las imágenes, pierden células por acción de los rayos ultravioletas y de las moléculas oxidantes tóxicas - químicas y metales -, efectos que también favorecen las cataratas.

Poder diagnosticar en forma temprana y exacta las verdaderas causas de las lesiones con las técnicas y estudios de la Medicina Biomolecular®, permite ahorrar tiempo y tejidos, que tratados oportunamente pueden ser rescatados sin necesidad de tratamientos invasivos locales, o de continuar con los mismos por tiempo indefinido con pérdida progresiva de más células de la retina o cristalinos.