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Pacientes con enfermedades “raras” o “atípicas”

Pacientes a quienes les han diagnosticado las cada vez más frecuentes: enfermedades “raras”, “atípicas”, “una entre 100.000”, “autoinmune atípica”, “hígado graso”, “fibromialgia”, “trombofilia”, “mitocondriopatías”, y otras, con escasas respuestas terapéuticas porque no es investigada, ni tratada la verdadera causa u origen del problema.

  • A quienes les han diagnosticado una enfermedad, que no es habitual a su edad, o momento de la vida en cuanto a su aparición, en una amplia variedad que van desde acné hasta autoinmunes, o tumores.
  • A quienes les han diagnosticado una enfermedad, que no es habitual a su edad, o momento de la vida en cuanto a su aparición, en una amplia variedad que van desde acné hasta autoinmunes, o tumores.
  • A quienes se les ha diagnosticado alguna de las80 enfermedades autoinmunes, muchas nuevas, de rara presentación y evolución, cuyas víctimas más propicias son mujeres, y niños.
  • A quienes padecen enfermedades, cuyo origen se les han manifestado “obedece a muchas causas”, se les ha informado “que se ignoran”, o han sido clasificados como “de causas genéticas”, viral, o autoinmune.
  • Niños o adolescentes con “epilepsias refractarias”; con problemas del neurodesarrollo: autistas, trastornos de aprendizaje, hipercinesia, trastornos de la atención, infecciones a repetición, alergias, asma “atípica”, eccemas, intolerancias a las leches, y después a otros alimentos, causados por moléculas tóxicas -químicos y metales- de la contaminación medioambiental.
    En la actualidad estas moléculas causan: inflamación crónica del intestino que aumenta la permeabilidad a moléculas extrañas, deteriora la microflora intestinal, alteran la inmunidad, y provocan modificación en la absorción y eliminación de excesos de nutrientes, en un proceso encadenado, progresivo y sumatorio en responsabilidades para que aparezcan distintas enfermedades, algunas a distancia en otros órganos o sistemas.
  • Pacientes diabéticos, obesos, hipertensos, con dificultad para manejar su enfermedad, o ya con secuelas de complicaciones como enfermedades coronarias tratadas, secuelas de ACV, Síndrome Metabólico, que necesitan de: un diagnóstico de CAUSAS, y ser desintoxicados según resultados de estudios especiales.
  • Personas con “tumores curados”, o que se consideran curados. Ignoran que mantienen en su organismo las causas que los motivaron -moléculas tóxicas químicas y metales- que agredieron a su material genético. Por tanto, persiste la predisposición a repetirlos por mantenerse las condiciones tóxicas que lo produjeron: lesiones progresivas a su ADN y material genético, favorecido por mecanismos de defensa deteriorados que ya fallaron antes en un “terreno predisponente, o condición del huésped” de baja calidad que persiste.
    Forman el gran grupo de pacientes que, después de haber tenido cáncer, enfermaron de covid19, situación que se explicaba en los medios de comunicación como “presentar comorbilidad”.
  • Deportistas de alta competición que se lesionan frecuentemente porque producen mayor cantidad de moléculas oxidantes de oxígeno -radicales libres- que los lleva a un estado especial llamado “síndrome de estrés oxidativo”. En el ejercicio físico excesivo de su actividad profesional, con mayor consumo de oxígeno, los mecanismos antioxidantes naturales propios se agotan cuando se asocia a una intoxicación crónica de origen medioambiental.

    Los estudios y tratamientos de la MEDICINA BIOMOLECULAR® les puede hacer más eficiente la actividad profesional y prolongar la vida útil en su trabajo, ya que les evita la inactividad por repetición de lesiones y hasta intervenciones quirúrgicas reiteradas e inútiles, ya que se producen por acumulación de tóxicos y metales en sus huesos, cartílagos y tendones.

Para el Premio Nobel 2008, Profesor Luc Montagnier, que investigó durante 30 años al cáncer en el Instituto Pasteur de Paris, afirma: “Hoy se conoce el origen de las enfermedades”.

Son los llamados “nuevos pacientes” como consecuencia de la intoxicación lenta de los tejidos en forma crónica, con microdosis diarias acumulativa durante años de metales y químicos tóxicos, víctimas de la llamada por los sanitaristas como “pandemia silenciosa”, porque pueden no presentar síntomas durante años.
La excepción a la acumulación lenta son los niños que pueden nacer ya contaminados después de nueve meses de compartir la placenta con la madre contaminada, al punto de tener en Francia evaluada la presencia de distintos contaminantes en la sangre del cordón umbilical, la pérdida de hasta 5 puntos del Cociente Intelectual -CI- del niño.

Todos son pacientes complejos dado que las enfermedades se presentan asociadas debido a la irregular suma de toxicidades de diversos productos químicos y metales acumulados en varios sistemas orgánicos, de lo que resulta la aparición de millones de probabilidades de posibles combinaciones de formas de presentación de síntomas y signos. Nunca coinciden en los síntomas y signos que presentan con las descripciones de la bibliografía clásica de Toxicología, expresados en su mayoría sólo referidos a las intoxicaciones agudas.

Pero no es todo. La intoxicación con estos productos por vía digestiva causa una inflamación crónica, sin síntomas, que produce enfermedades a distancia en otros sistemas, de compleja presentación y dificultoso diagnóstico.

Es también la causa de las intolerancias a los alimentos cada vez más frecuente; de la sobre estimulación del sistema inmunitario; de llevar al paciente al estado de estrés oxidativo por agotamiento de los mecanismos antioxidantes; y ser el origen en la actualidad de las más de 80 nuevas enfermedades autoinmunes.

Las inflamaciones crónicas, en especial las que no producen síntomas, o las que sí, pero que no son tratadas, son las fuentes más importantes de las enfermedades degenerativas: arteroesclerosis, Alzheimer, Parkinson, demencias, y tumores.